MENSAJE DEL 1 DE MAYO DE LA
FRATERNIDAD CENTRAL DE LOS HERMANOS DEL EVANGELIO
Queridos hermanos : Felicidades a todos en este, 1º de mayo, « día internacional del trabajo ».
¡Cómo nos gustaría poder felicitar sin excepción a todos
los trabajadores del mundo o a todos los que están en edad de serlo, hombres y
mujeres! Pero la realidad no da para tantas felicitaciones. Según la OIT (saco
el dato de la revista de la Acción Católica obrera española «NOTICIAS OBRERAS »)
el nº de desempleados en el mundo aumentó en 2012 en 4’2 millones de personas y
se espera que para el 2013 el nº de desempleados aumente en otros 5’3 millones
de personas. La cuarta parte de ese desempleo corresponde a las economías más
ricas; el resto a las demás regiones del mundo. Esto si contar, añado yo las
condiciones ínfimas de los trabajadores en muchas partes del mundo (salarios,
horarios, condiciones de seguridad y sanidad, etc...)
y la cantidad de ellos que viven bajo los umbrales de la pobreza, la cantidad
de niños trabajadores y la inferioridad de condiciones de las mujeres.
Pero no me quiero quedar con esta simple lectura de los
hechos, por demás conocidos. Quiero invitarles a recorrer con los ojos del
corazón la multitud innumerable de personas que entregan su vida o la han
entregado, por el mundo de los trabajadores; gestos anónimos de hombres y
mujeres, padres y madres de familia, o jóvenes estudiantes, profesionales, que
trabajan en lo sindical, en las asociaciones, en la educación, en los
movimientos, etc... para
hacerle frente al sistema, así sea desde lo pequeño, lo ordinario y lo que no
aparece, todo lo contrario del mundo de los
políticos, los presidentes de las entidades financieras o de crédito, que son la
causa de los problemas, pero que aparecen engañosamente captando la atención y
las conciencias distraídas. El pueblo sencillo, entre los que los cuento, actúa
desde abajo, sin ruido, como la selva que crece en silencio, aunque haga más
ruido un árbol que cae. Oigo decir al pueblo llano : «con paciencia y salibita,
se comía al elefante la hormiguita». Pues eso, los invito a dar gracias por los
innumerables gestos de solidaridad de nuestros vecinos, por la coherencia de
vida de miles de personas que ponen la conciencia antes que el lucro ; y ponen
la solidaridad antes que los intereses privados; por los que siguen incansables
en la lucha obrera, en estos tiempos difíciles o en cualquier otro frente
alternativo de lucha. Rindamos homenaje a la incansable esperanza de los pobres,
desde donde se crece nuestra esperanza.
Que Jesús Obrero nos mantenga con las «lámparas
encendidas», solidarios en el sueño del Reino, por una sociedad universal más
justa, por la recuperación de un trabajo digno para todo ser humano. Que en la
Iglesia todos tomemos opciones más proféticas frente a los ricos y el sistema
neoliberal y más empeñativas por los desfavorecidos, de la mano de nuestro buen
hermano Francisco.
