Publicado
el 12 de junio de 2014 en el diario venezolano Correo del Orinoco
Por: Bryan Barrios Grafe
“Yo
sé que Tú estás
cuando
amar es un surco humilde y oscuro,
que
reclama al grano para ser fecundo
y
morir en soledad”
(Mauricio
Silva)
A
raíz del Concilio Ecuménico Vaticano II convocado por el Papa Juan
XXIII en 1962, la Iglesia Católica se reunió para realizar una
lectura colectiva de la realidad del mundo en ese momento y de ella
en él. Al poco tiempo en América Latina, nacía la Teología de la
Liberación. Dicha teología identificó que el lugar histórico
donde Dios se revela es en el sujeto empobrecido. A partir de esto se
dedujo que, el cumplimiento del precepto cristiano de amar a Dios
pasa necesariamente por amar al prójimo pero sobre todo al prójimo
que más sufre, que en el caso del continente era el pobre.
Este
paradigma hizo que muchos cristianos y cristianas, empezaran a
promover acciones y gestos de solidaridad con las clases menos
favorecidas y a comprometerse junto con ellos en la búsqueda de la
liberación de todo aquello que los oprimía y afectaba su dignidad
humana. Para aquel entonces (años, 60, 70 y 80) algunos países del
continente latinoamericano padecían no sólo condiciones de pobreza
sino, dictaduras militares que violaban sistemáticamente los
derechos humanos.
En
medio de la tempestad
Fue
en Cocollar en Venezuela a mediados de 1969, según los relatos
recogidos en el libro “En medio de la tempestad” publicado en
Argentina en el 2007 por la editorial doble clic, cuando un colectivo
de la iglesia católica presente en la región, denominado
“Hermanitos del Evangelio” fundado en Francia por el padre Rene
Voillaume, e inspirados en la figura del Beato Charles de Foucauld,
decidieron enfrentar algunos desafíos sociales como lo eran el
“asumir el compromiso evangélico con los pobres, buscando
seriamente una inserción cultural, social y política en el pueblo
latinoamericano, repensando la estrategia de esa inserción de modo
que no quedaran aislados ni marginados del gran movimiento histórico
que comenzaba a gestarse en el pueblo” (p.221), movimiento de
liberación de aquellas estructuras y circunstancia que afectaba la
dignidad humana de los pobres del continente.
A
partir de esa firme resolución, sus integrantes realizaron gestos
concretos de solidaridad y de acompañamiento cercano a ese pueblo,
así fue como el sacerdote Mauricio Silva, uruguayo de nacimiento y
hermanito del evangelio, en acuerdo con sus hermanos decidió hacerse
“cura barrendero” en 1974, en la ciudad de Buenos Aires, que en
ese momento contaba con unos 13 mil obreros de limpieza.
Mauricio, dijo en un escrito
de 1977 titulado “Así nació nuestra fraternidad” y recogido
en el libro mencionado que, “Un buen día, con toda mi carga de
esperanza, me sorprendí mirando a un barrendero… un hombre pequeño
y sucio limpiando una calle… allí estaba mi lugar”. Así
concretó su misión de inserción en medio de los barrenderos que
según él era “grupo humano muy pobre, que en su mayoría vive en
las villas, en los alrededores de la ciudad. ¿Compromiso? Sí, la
amistad”. (p.169-170)
Patricio
Rice, miembro de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de
Familiares de Detenidos-Desaparecidos (FEDEFAM) y fallecido en el
2010, relató en la misma publicación (p.168) que “Poco tiempo
después que Mauricio empezara a trabajar como barrendero, se dio una
fuerte lucha de los recolectores de basura por mantener su estatuto
de empleados municipales, con la toma de un edificio de la
Municipalidad y una intensa actividad política y gremial. Mauricio
participó en esa lucha y llegó a ser bastante conocido entre sus
compañeros”.
¿En
dónde está Mauricio Silva?
Para
1977 ya estaba instaurada en Argentina la dictadura militar del
general Videla tras el Golpe de Estado dado a la presidenta María
Estela de Perón. Desde entonces, se instauró en aquel país todo un
régimen de persecución política y violaciones de derechos humanos.
Todas aquellas acciones y gestos de solidaridad que procuraban la
defensa y promoción de los derechos, particularmente de los sectores
más oprimidos eran asumidos por la dictadura como subversivos.
Las
detenciones arbitrarias, las torturas y desapariciones forzadas era
el modus operandi. ¿Un cura barrendero en el corazón de las masas?
Eso era demasiado osado en aquel régimen. Como todos los días, la
mañana del 14 de junio de 1977 Mauricio, fue a la capilla, rezó y
compartió el evangelio con sus hermanos y posteriormente se fue a
cumplir con su rutina diaria de limpieza de las calles Magariños
Cervantes y Terrero de la ciudad de Buenos Aires, mientras eso hacía
fue secuestrado y desaparecido. Desde entonces, 38 años después “no
sabemos ni cuándo ni cómo fue su muerte, bajo qué torturas ni en
qué lugar quedaron sembrados sus despojos martiriales”.
Muchas han sido las gestiones que se han realizado por saber qué
ocurrió con Mauricio, aún sus familiares y hermanos de religión
están a la espera.
Día
Nacional del Barrendero
Según
el portal web parlamentario.com en diciembre del 2014, el Senado de
la Nación Argentina, aprobó una ley que instituye cada año el 14
de junio como el “Día Nacional del Barrendero”, con la intención
de homenajear en la figura de Mauricio Silva a todos los trabajadores
que fueron víctimas de la última dictadura acaecida en ese país.
Desde Venezuela, saludamos y nos unimos a este acto de memoria y
reparación simbólica y hacemos nuestra la pregunta lacónica de la
fraternidad del evangelio ¿en dónde está Mauricio?
