El canto de María surge de la tierra

Reflexión de Arturo Paoli sobre el Magnificat (Lucas 1,39-55)
                                                                                                                                                         
 
Proclama mi alma la grandeza del Señor, 
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, 
porque ha mirado la humillación de su esclava.  Desde ahora me felicitarán todas las generaciones 
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.
Su nombre es Santo 
y su misericordia llega a sus fieles 
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo, 
dispersa a los soberbios de corazón. 
Derriba del trono a los poderosos 
y enaltece a los humildes. 
A los hambrientos los colma de bienes 
y a los ricos despide vacíos.
Auxilia a Israel su siervo, 
acordándose de su santa alianza 
según lo había prometido a nuestros padres 
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
 
 
El canto de María no es "en el aire", sino que surge de la tierra, de la historia ensangrentada por quienes usan el poder más como ofensa que como defensa del derecho que cada ser tiene de acceder a los bienes esenciales. Sin embargo, esta voz que se eleva de la tierra, y de la historia, es un canto de alegría. Cada generación tiene derecho a la felicidad, y cada generación debe conquistarla en un contexto de dolor y de lucha. ¿Se puede exultar de alegría y cantar, en una historia que es drama?. Sí, es posible, pero sólo a condición de que uno esté en la historia del Éxodo, en la tentativa real de transformar el mundo. Sólo si uno llega a ver que las promesas que Dios hizo al hombre pueden cumplirse, sólo si en el desierto de la historia se ve brotar la esperanza, sólo si oye la "corriente subterránea" que contrasta con la aparente lentitud del "no hay nada nuevo bajo el sol", es posible cantar y sentir alegría.

LA PERSPECTIVA POLÍTICA DE SAN LUCAS DE ARTURO PAOLI (Pag 183).