Extracto de la última carta de la Fraternidad Central de los Hermanos del Evangelio a los hermanos.
Queridos hermanos,
“Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo… Su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse”. (Qohelet o Eclesiastés 3)
Desde hace más de un mes una gran parte del planeta, “nuestra casa común, vive esta fase de disociación social a causa del covid 19. Muchas cosas han cambiado.
Con la pandemia vivimos una paradoja: tenemos que aprender a guardar las distancias para limitar la propagación del virus, y al mismo tiempo progresa lentamente una toma de conciencia colectiva de que con más solidaridad, la humanidad puede encontrar su camino de sanación.
Sí, se podría decir que “esa cosita” con toda su “virulencia”, mostró el sin sentido de nuestras fronteras, de nuestras murallas. Nos obliga a salir como de una somnolencia que duró años: las desgracias que los medios de comunicación nos muestran no se limitan a un país lejano, sino que están ahí, justo en la puerta de al lado.
Por supuesto, cada país tiene sus estadísticas, pero nos hacen notar que en algunos países los muertos provocados por los cárteles de la droga son todavía mucho más numerosos que las víctimas de la pandemia.
Cada momento de crisis también puede convertirse en una oportunidad: tiempo para sentarse, para evaluar y elegir de nuevo. Incluso con lágrimas y angustias, también hay un tiempo de gracia, un kairos.
Se diría que se perfilan dos actitudes ante esta pandemia, con dos maneras de proyectar el post-corona.
1-Un acercamiento más bien técnico que busca los medios buenos para resolver la urgencia lo más rápido posible con el fin de reanudar la economía.
2-En nuestras sociedades se levantan numerosas voces para decir que ahora llegó el momento de cambiar las reglas del juego, pues el mercado capitalista abandonado a su suerte, no es capaz de cambiar de dirección. Seguirá produciendo riqueza pero muy mal redistribuida y muy contaminante para el planeta. También hay voces, que vienen de diferentes horizontes, que llaman a elaborar un nuevo proyecto social, pues todos estamos en “la misma barca”. Esta crisis muestra más la irracionalidad de un sistema que produce riqueza pero que a fin de cuentas le cuesta muy caro a la salud y a la seguridad de todos nosotros.
¿Cómo llegarán a interactuar esas dos tendencias en los próximos meses? ¿Se va a perfilar un verdadero pulso entre la economía y un nuevo proyecto político?
En Occidente, la generación de nuestros padres o abuelos al salir de la Segunda Guerra mundial vivió su momento de kairos. Un conjunto de situaciones sociopolíticas, de personajes carismáticos, ayudaron a dar la vuelta a la página de los regímenes totalitarios, después, poco tiempo después del final de la guerra, se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, solamente después se dio la reconstrucción y el relanzamiento de la economía. En resumen, incluso si todo no fue perfecto, se dio un pasito adelante para mejorar la vida.
La pandemia que acaba de afectarnos también puede ser una oportunidad para este siglo 21, para elaborar un nuevo modelo de contrato social, encontrar nuevos puntos de referencia para medir el “bienestar”. Se podría desear una salida del imperio del capital que elevó el beneficio a rango de divinidad, sin preguntarse a quién beneficia.
Tal vez se le ofrece una oportunidad única a la humanidad de hoy.
¿Y nuestra pequeña Fraternidad en todo eso?
- Incluso si en muchos países las iglesias ya no tienen liturgia comunitaria, la oración continúa… Los cambios sociopolíticos también necesitan ser alimentados con la oración, pues el Espíritu sigue soplando “para renovar la faz de la tierra”.
- “…que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad… para que podamos vivir una vida tranquila y apacible” (1Tim 2,1). Sí, durante mucho tiempo, el término “político” tuvo una connotación bastante negativa. Ese término más bien estaba asociado a la codicia. Hoy descubrimos más que nunca la importancia de personas que trabajan al servicio del bien común.
- Perseverar: estamos, y seguramente por un tiempo bastante largo, con bastantes incertidumbres sobre nuestros programas, tal vez hasta la llegada de la vacuna. Cada país va a darse normas. Perseverar en la prueba también es aceptar dejarse visitar por nuestros miedos y nuestras angustias, domesticarlos, reconocerlos, sin sucumbir al pánico. Aceptar la incertidumbre aun manteniendo viva la esperanza.
A veces, vivir confinado en un espacio reducido, como las familias a nuestro alrededor, también pide una buena dosis de paciencia. “Soportarse mutuamente”, tiene un doble significado: por un lado estoy cerca de ti, soy tu apoyo, tu soporte, pero a veces estamos hartos de eso, entonces acepto sencillamente cargarte, incluso si eres un fardo pesado, sabiendo que yo también puedo ser una carga para ti… “Soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros… Y sean agradecidos” (Col. 3,13).
Y cuídense…
