“Desde
el principio de este “retiro” comprendí que no debía vivir como un
solitario que se refugia en un rinconcito de una montaña de una pequeña
isla, además muy alejada, sino que desde el primer momento tuve el deseo
de sentir mi propia soledad habitada, que se balanceó entre momentos
de entusiasmos, llenos de alegría, con momentos de tristeza, diálogos
con Dios o largas horas de silencio, durante las cuales tuve que
enfrentar con paciencia el sufrimiento de las distracciones, a veces
solo conmigo mismo y mi interior profundo, a veces en compañía de mi
fraternidad, de mis amigos, de los miembros de mi familia”.
Mario Sabato es hermano del Evangelio y ha querido compartir algunos de sus escritos íntimos en el Blog de la Comunidad Horeb.
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