In Memoriam Paul Collet


Hermano Paul Collet (1920-2015)
Hermano del Evangelio del Padre de Foucauld

Después de 27 años en la diócesis de Viviers, Paul falleció el 19 de enero 2015 en Valence en la residencia de l´Olivier. Pudimos llevar su cuerpo a su cuarto de St Péray donde vinieron sus amigos a recogerse. 
La tarde del 21 de enero organizamos una velada que nos permitió escuchar muchos testimonios y aprovechar de una grabación efectuada en 2013 por el mismo Paul en la que nos hablaba de su historia. 
Natural de Angers, Paul entró en la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París. Ordenado sacerdote durante la guerra, el 19 de junio de 1943, se queda en su diócesis hasta la liberación. En 1945, llega a Vietnam donde ejerce el papel de capellán militar. En 1947, a petición suya, es enviado en misión a China. Con la llegada de Mao, la situación se complica y se encuentra en la cárcel. En los años 80, una mujer china, de paso en Francia, vendrá a pedirle perdón en nombre de la comunidad cristiana de la que había sido responsable, ya que un católico de esta comunidad era el que lo había denunciado falsamente. Expulsado de China, atiende la pequeña parroquia de Kyuushuu en Japón hasta 1955. En esa época pide dejar la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París para entrar en la Fraternidad, pues se encuentra muy a gusto con Carlos de Foucauld. 
Estadía, postulantado, noviciado... Hace sus primeros votos el 21 de abril 1958 y se empeña en pronunciarlos y escribirlos en chino. Esa relación con China lo va a marcar durante toda su vida: En St Péray dará clases de chino; ¡en Valence, en la residencia, dará una conferencia sobre China a los 94 años! Después de 2 años en Ceylán (Sri Lanka actual), Paul es enviado a una fraternidad en el norte de Camerún (“Cambio radical referente a lo que conocí”). Agotado por las enfermedades tropicales pasa 2 años en Italia antes de salir para Argelia en 1967, allí mismo donde Carlos de Foucauld vivió en medio de los musulmanes, en Beni Abbés. Después de tantos años “en movimiento”, en ambientes tan diferentes. Paul recoge sus intuiciones y sus reflexiones en un librito al que pone por título “I pagani mi hanno parlato di Dio”. “Habiendo pasado la mayor parte de mi vida en los países llamados paganos, recibí allí iluminaciones y enseñanzas que sin duda alguna nunca habría encontrado en otra parte, hasta el punto de que me atrevería a decir y repetir: “Dios me habló a través de los paganos”.” 
De regreso a Europa por razones de salud, empieza una fraternidad en Sicilia en medio del mundo rural, el mundo de los pobres (1971). Entonces le encargan la formación de los novicios a los que va a repetir sin cesar: “ “Llevar el banquete a los pobres” no tiene que ser un eslogan, sino una realidad para nosotros y eso es muy difícil; tendremos que tener mucho cuidado en ayudarnos mutuamente a vivir nuestra vocación de evangelizadores para los pequeños de este mundo.” 
A partir de 1982, Paul está en Francia buscando un lugar para acoger a los drogadictos, los desgraciados de nuestra sociedad. Después de varios fracasos, de una manera completamente providencial se le indica una pequeña granja en Toulaud (al lado de Saint Péray) que se convertirá en el proyecto “Parenthese”. Su carácter entero no sólo le dará amigos pues no deja de denunciar las injusticias y las incoherencias de nuestra sociedad que se encierra en un “ateísmo práctico”. Finalmente pasará los últimos años de su vida en Saint Péray en comunión con la naturaleza y buscando construir un mundo más humano. Por eso lanza esta idea de alojamiento que permite a las diferentes generaciones vivir juntas y encontrarse. 
Paul siempre fue un poco “fuera de las normas”. En la diócesis de Viviers, no buscó estar inscrito en el directorio, pero estaba muy presente a su manera: “Siento muy fuerte mi cargo pastoral (no en sentido presbiteral), sino en el sentido de “salvadores con Jesús” y “permanentes de la oración”. Ví simplificarse en mí esta oración.” 
En sus funerales, en la iglesia de Saint Péray con todos sus amigos y los hermanos estaba el padre Daniel Mouton y el padre Noel Cellier que expresaban muy bien esta comunión con la diócesis, sin olvidar al padre Albert, de origen vietnamita que nos reconcilió con el rito del incienso explicándonos como se vivía eso en su país… ¡Paul debió exultar de alegría en el paraíso! Y ahora Paul descansa en la concesión de la diócesis en el cementerio de Guilherand-Granges. Gracias a Mons. Blondel, gracias a la diócesis, gracias a todos los amigos, y perdón pues nuestro hermano tenía una “palabra viva”.