Alberto ha escrito una meditación muy bella en la “carta a los amigos” de la fraternidad de Spello, Italia.
La ceniza aquí en Spello es una realidad cotidiana en invierno, porque incluso en la cocina completamente nueva de Santa Chiara, hay un horno de madera cuyo producto final son cenizas.
Pero para llegar ahí, como muchos de ustedes saben por experiencia, hay un proceso largo: la mayor parte de la madera que utilizamos procede de la poda de los olivos, pasa a través de las “horcas caudinas” de la hoz para la poda, después se amontona con cuidado siguiendo las reglas de la gravedad para prevenir la caída del montón; de ahí se sacará en el momento oportuno para ponerla en el baúl de madera, antes de terminar en el horno.
Entonces ocurre el milagro de la combustión: la madera se transforma en calor, en luz, a pesar de que sólo se ve cuando se abre la puertecita del horno y cuece nuestra comida.
“Bajo la ceniza” hay pues una historia, un “dejarse hacer” por las manos de numerosas personas: la poda para que el árbol pueda dar fruto, cortar las ramas para quitar las hojas inútiles y voluminosas, el almacenamiento para ponerla en el lugar apropiado para que el montón no se caiga y la transformación en fuego que transmite la luz y el calor.
Ahí ya tenemos las líneas importantes para una profunda revisión de vida, para convertirnos, volvernos a centrar en Aquel al que queremos seguir.
Pero todo no termina ahí, porque la ceniza no se tira en cualquier lugar, se extiende alrededor de los olivos como abono, para favorecer la fecundidad y dar nueva energía a la tierra. Ese es el objetivo del camino de cuaresma, de nuestro compromiso a la conversión: sacar energía, vida, esperanza y alegría de vivir a partir de la Resurrección de Jesús. Ese es nuestro deseo para este tiempo de Cuaresma y de Pascua."