Estancia en ermita de Andreas

Andreas vive en Leipzig (Alemania). Nos relata su retiro en la ermita de la fraternidad.                                                                            
 Noticias de las Fraternidades 45
De Andreas
En el mes de julio pude pasar 8 días en nuestra ermita de Schönburg (¡el lindo castillo!). Y es cierto, es un lugar muy bello: el pueblo con las ruinas del castillo, el valle del río, los bosques, las viñas y nuestra ermita. El ambiente invita a entrar en la admiración de la belleza. “La belleza es la que va a salvar al mundo” (Dostoievski). La admiración nos abre a otra dimensión. La admiración nos pone en adoración.

Durante mi tiempo de retiro intenté rezar con algunos pasajes del Evangelio según S. Juan. La “manera ignaciana” (meditación de la Escritura) también me ayuda a entrar con mi fantasía y mis emociones en el encuentro con Jesús. Una frase que me habla mucho es la pregunta que le hicieron a Jesús: “Maestro, ¿Dónde vives?” (Juan 1,38)

Normalmente yo imaginaba una habitación, un lugar donde los primeros discípulos pudieron ver donde moraba Jesús. Esta vez descubrí que Jesús habitaba mis bellos recuerdos, mis momentos felices; pero también habita mis decepciones, mis dolores, mi tristeza, mi vacío…

Hice una revisión de los meses precedentes que estaban muy llenos de acontecimientos: el trabajo temporero en Leipzig, mi accidente de trabajo, el desafío de una petición para un compromiso en la Iglesia; la enfermedad grave de mi cuñado, mi salida para el Año Común, el tiempo en Spello, mi regreso para la reunión regional, y después a Leipzig.

Pude ver de nuevo momentos muy bellos: la solidaridad de mi fraternidad de Leipzig; el encuentro con los hermanos del Año Común que venían de 4 continentes; los intercambios con confianza, las “aventuras” con Gabriel (paseos en la montaña para preparar la peregrinación del Año Común).

Señor, ¿Dónde moras? Sí, tú habitas los momentos de confianza; tú habitas el compartir de culturas diferentes; tú habitas la belleza de la naturaleza. Pude encontrar espontáneamente momentos bellos en los que sentí la presencia de Jesús.

Pero también habita en los lugares sombríos de mi corazón, las heridas, las decepciones, los fracasos, las separaciones. Podía presentir la presencia del Señor incluso en esos momentos por los cuales no puedo dar gracias espontáneamente. Es una presencia más discreta, sobria, fina, frágil.

El Evangelio cuenta que los discípulos vieron donde moraba Jesús y se quedaron con él. Intenté quedar con mis recuerdos difíciles. Normalmente se huye, se pasa rápido, se rechaza. Pero permanecer con el vacío y los sentimientos difíciles puede permitir profundizar la relación con Jesús. Si me quedo con mis experiencias difíciles –en la presencia de Jesús- tal vez descubro que son lugares para estar cerca de Jesús, en su paciencia, su pasión, su confianza. También pude descubrir que los momentos difíciles pueden convertirse en fuente de consuelo.

Durante mi retiro aproveché para caminar un poco (no demasiado porque todavía me dolía la rodilla). Agarré la bicicleta y también el barco de caucho para ir sobre el río “Saale”. Es una manera de moverse muy meditativa y silenciosa, en plena naturaleza, entre el agua y el cielo: Se pueden observar los patos, cernícalos, martin-pescadores, tortugas, pescados que saltan del agua por un momento.

Después de mi retiro, que me dio una paz muy grande, regresé a Leipzig para seguir con mis pequeños compromisos: las visitas a la cárcel y a los enfermos, los acompañamientos, los trabajitos para ganar un poco de dinero. Y me di cuenta, de que en nuestra ciudad muy secularizada, también puedo descubrir la morada de Jesús. No habita solamente en los templos y las iglesias, sino también en las calles, los bares, el mercado, la cárcel- e incluso en nuestra fraternidad. “¡Vengan, quédense… y verán!”