Retiro en bicicleta

Originario de Goa, Yesudas vive ahora en India. Escribió este diario cuando aun estaba en Tanzania. Narra su retiro en bicicleta .
 Noticias de las Fraternidades 45
De Yesudas
Queridos hermanos,

Estoy contento de poder compartirles algo de lo que viví estos últimos días. Mi retiro anual fue un verdadero tiempo de gracia. Por eso yo quisiera escribir este diario. Espero que ustedes lo encuentren interesante. Basutu situado a casi 300 km. de Arusha, es un buen lugar para hacer un retiro. Después de un tiempo de reflexión, decidí ir allí en bicicleta. Preparé mi bicicleta para recorrer esa larga distancia. No fue posible encontrar un compañero para venir conmigo (aparte de mi bicicleta). Yo ya había estado en Basutu que es una parroquia de los padres agustinos. Ellos me acogieron para hacer este retiro que empezó primero en la carretera.

Durante la preparación de este viaje, tenía algunos temores pues pensaba en los problemas que podría tener en el camino: con la bicicleta, con la gente que se encuentra en el camino (a veces tienen mal carácter), con los hermanos y los amigos que tal vez no iban a animarme lo suficiente. Tenía todo eso en mi cabeza, y entonces hice un día de oración y descanso en nuestra ermita antes de ponerme en camino. Puse todas mis angustias en las manos de Dios diciéndome: “Todo lo que sucede es oportunidad”. Una vez en la carretera con mi bicicleta, me sentí con más confianza, y todo transcurrió muy bien y regresé sano y salvo.

Sabía que siendo extranjero, sería un centro de atención en la carretera. Había decidido saludar a todo el mundo. Era un buen gesto de benevolencia que me ayudó a liberarme de los falsos miedos. Viví momentos de amistad con la gente que encontré. Sólo mencionaré dos:

Encontré a un hombre, un pastor, que conducía a sus burros en la llanura; iba hasta allí para comprar sal y traerla al pueblo. Después de una larga cuesta, estaba descansando en lo alto de una colina y miraba el panorama. El pastor llegó con sus burros, y lo saludé como a un viejo amigo: empezamos a hablar de sus actividades. Al final dejó mostrar su curiosidad y me preguntó: “¿Por qué viajas así en bicicleta?”. Le respondí: “Por supuesto hubiera podido venir en carro o en autobús, pero entonces, ¿Cómo hubiera podido encontrarte tan sencillamente? Es una suerte única encontrarse” Asintió con su cabeza y nos separamos con alegría.

El segundo encuentro tuvo lugar durante el descenso de esta misma colina. Había dos mujeres con niños que conducían las vacas. Me di cuenta de que me miraban fijamente como a un extranjero que entraba en su territorio. Estaban como columnas fijas en el lugar hasta que las saludé: “¡Eh! ¿Cómo están?” Entonces, muy contentas de ser saludadas por un extranjero, esas columnas se fundieron en alegres sonrisas. Eso me obligó a detenerme y tomé el tiempo de hablar con ellas. Esta vez les dije bromeando que no tenía bastante dinero para venir en coche. Ellas se rieron mostrando sus dientes y sus ojos luminosos. Al separarnos nos deseamos buen camino unos a otros. Sin frenar, deje que mi bicicleta bajara hasta abajo.

Mis momentos de oración en bicicleta fueron principalmente la recitación del “Padrenuestro”, del “Ave María” y del “Gloria”. Rezaba así, pedaleando, mientras que los carros pasaban a toda velocidad sin fijarse en mí. Estaba feliz de encontrar a Dios en la naturaleza y en la gente en el camino.

Al llegar a Basutu, mi programa cambió. Hice sólo 5 días de oración y reflexión. Participaba en la oración de la comunidad por la mañana, por la tarde y en la Eucaristía. El lugar es tranquilo con la belleza natural del monte Hanang y del lago Basutu. La gente me dijo que era posible que los hipopótamos me molestasen durante la noche.

El libro de Albert Nolan “Jesús antes del cristianismo” fue mi libro para reflexionar sobre el corazón y la mentalidad de Jesús. Me gustó ese Jesús que es afectado por el sufrimiento del pueblo y lleno de compasión. Me acordé de varios enfermos que me impactaron mucho en el hospital del Monte Méru.

Después del 5° día emprendí mi viaje para regresar a Arusha.

La acogida de la gente de Tanzania que en todas partes hablan la misma lengua, me ayudó en mi adaptación a este país. Esos 20 años pasaron tranquila y rápidamente. Ese tiempo de retiro fue una buena ocasión para dar gracias a Dios por haber podido vivir en Tanzania. Y ahora puedo vislumbrar el vivir los próximos años en la India (¡20!) y tengo grandes expectativas.

¡Bye Bye! Yesudas