De
José-Luis
José Luis participó en Ciudad Hidalgo a la reunión regional de los hermanos que viven en México y Nicaragua.
Tres
cosas retengo como impactantes de este viaje:
1ª
La
Reunión Regional
en sí, muy grata y fraterna. Los hermanos se dieron como objetivo
intercambiar sobre los temas propuestos para el Capítulo 2015 y en
sobre la vejez. Cada uno de los hermanos se definió, a modo de
revisión de vida, ante los problemas de nuestro mundo y la
incidencia que tienen en nosotros y hubo un compartir muy rico, lleno
de sinceridad, desde abajo, nada de teorías, sobre como sentimos al
mundo en qué vivimos y cómo nos afecta. Y, la verdad, lejos de
censurar y ver desde fuera este mundo “otro”, en esta época
axial, yo vi que los hermanos están dentro, como hermanados con él,
en cierto modo como hijos suyo, porque él nos marca. Con una visión
optimista, en la que se atisban modelos positivos nuevos, que hay que
acoger con esperanza, yendo al encuentro de nuestros hermanos, en el
tejido de relaciones que nos ofrecen todos los cambios que
conocemos.
Y
respecto al punto de la vejez, retengo que es una etapa positiva de
la vida, llena de oportunidades, que hay que vivir sin desperdiciar
nada, como en las otras etapas. Si hay límites en lo físico, están
compensados con creces por las posibilidades de vivir más
contemplativamente, en una mayor libertad interior, con una real
sabiduría con la que los “saberes” se convierten en “sabores”.
Si
tuviera que poner otros calificativos al encuentro, diría que fue
refrescante, sereno y esperanzador.
2ª
La
Virgen de Guadalupe,
a quien todo mejicano se refiere como emblema de su identidad. Asistí
2 domingos a la misa en la Basílica. El pueblo sencillo hacía colas
para entrar. Había quien lo hacía de rodillas hasta el fondo, otros
llevaban flores o velas, otros sus imágenes, para que “oyeran
misa” y de esa manera se consagraran para ser un símbolo
permanente de la presencia de María en sus vidas y, a través de
ella, Dios. Otros le llevaban “mariachis” a la Virgen y le
cantaban como se canta a las novias, a las esposas o a las madres.
Siempre me acuerdo en estas manifestaciones de la frase de Jesús:
“Te alabo, Padre, porque has revelado los secretos del Reino a la
gente sencilla, no a los sabios y entendidos” (Mt. 11, 25). Antes,
me guiaba para valorar esta piedad popular con los criterios
aprendidos de los compendios de pastoral o de teología, dejándola
como algo a depurar. Hoy, la veo como un lugar teológico, desde
donde Dios habla a su pueblo y desde donde me habla a mí. No digo
que no haya que depurar cosas, pero la veo enmarcada en la lógica de
la Encarnación, en la que Dios asume nuestra carne, con sus defectos
y todo y la hace suya. Una maravilla!
3º
La
violencia.
En esos días era noticia el rapto y desaparición de 43 jóvenes
estudiantes de magisterio, de los que aún no se sabe nada, después
de más de un mes de su desaparición. La noticia estaba en las bocas
de todos, la daban insistentemente todos los periódicos y las
cadenas de tv. Me confirmaban que situaciones como esas se repiten
habitualmente. Los padres de los chicos dicen: “Que nos los
devuelvan vivos, porque vivos salieron de nuestras casas”.
Mi
pregunta es: ¿Cuándo irán cerrando las heridas de “Las Venas
abiertas de América Latina”? (Es un libro de Eduardo Galeano). La
gente de México es buena, se les ve en las caras, y son festivos y
trabajadores, pero se desangran por el narcotráfico, la pobreza, los
políticos corruptos y las condiciones impuestas por el “vecino del
norte”, a quien le interesa que este pueblo siga sin levantar
cabeza. Por ahí se le escapa la vida al pueblo sencillo.
Hago
mías, a este punto, las palabras de un líder sindical argentino,
aparecidas ayer, a propósito del “Encuentro Mundial de Movimientos
Populares”, celebrado en Roma los días 26-29 de octubre pasados:
“Francisco
hoy nos convoca, desde una perspectiva universal, a los pobres y a
los pueblos pobres organizados en miles de movimientos populares,
para que demos la batalla - sin soberbia pero con coraje, sin
violencia paro con tenacidad, sin resentimientos pero con un sentido
profundo de amor al prójimo, sobre todo al más débil - para que
demos batalla por esa dignidad que nos robaron y por la justicia
social… ideales cada vez más lejanos en un mundo empachado de
indiferencia, crueldad e inequidad”. Luego
he leído que el Papa ha reclamado para los pobres 3 derechos
fundamentales: “Techo, trabajo y tierra .
Esto
es lo que deseo para el pueblo noble de México.