Estatutos de la Federación de los Hermanos de Jesús y del Evangelio

Preámbulo
En seguimiento de Carlos de Foucauld, (1858-1916) René Voillaume, (1905-2003), fundador de los Hermanos de Jesús (1933) y de los Hermanos del Evangelio (1956), nos ha legado una savia de vida, que tenemos en común, que tiene su fuente en Jesús de Nazaret. Juntos queremos asegurar del mejor modo, la vida y la fecundidad de este carisma.
Tenemos en común la misma seducción por el rostro de Jesús de Nazaret.
Compartiendo la vida ordinaria de los hombres, nos ponemos, con mucho respeto, a la escucha y en la escuela de los pequeños; junto a ellos y a su ritmo queremos caminar en el impulso del Espíritu. Deseamos manifestar a cada ser humano que el amor de Dios es gratuito y respetuoso de cada persona; por ello tratamos de convertirnos en sus hermanos, en un compartir de vida atento para discernir y acompañar lo que surge en el corazón de cada persona y de las comunidades que nos acogen. Somos solidarios de nuestros compañeros de ruta con quien caminamos juntos hacia el Reino.
Tenemos el mismo deseo de la venida del Reino de Dios y de su anuncio a través de toda nuestra vida, centrada en torno a la comunión fraterna, la oración, el compartir de la vida y de la esperanza de los pobres.
En seguimiento de Jesús de Nazaret que revela el Amor de Dios ofrecido a todos, tratamos de vivir en la intimidad de su Presencia, compartiendo el pan de su Palabra y su Cuerpo, a la búsqueda de su Rostro en la vida y los encuentros de todos los días.
Reconociéndonos mutuamente como hermanos en este mismo camino de Nazaret, y en esta misma búsqueda contemplativa del rostro del Señor, deseamos ayudarnos mutuamente a ser fieles.
Cada una de nuestras dos Fraternidades vive de la savia de ese tronco común según su vocación y su misión propia, recibidas de Dios, confirmadas por la Iglesia y maduradas a lo largo de nuestras respectivas historias.
Los Hermanos de Jesús, según sus Constituciones, están llamados por Dios a vivir para Él solo, entrando en su designio de amor por los hombres. Encuentran en la imitación de la vida de Jesús de Nazaret la forma propia de su vida contemplativa en el mundo (C.1). Comparten, como Jesús en Nazaret, la vida y la condición social de aquellos que no tienen nombre ni influencia en el mundo (C3), no para convertirse en pastores o guías, sino simplemente para ser sus hermanos (C94). Esta “vida de Nazaret” es el camino de su unión a Dios y de su amistad con los hombres, con el deseo de convertirse, junto con Jesús, en eucaristía viva entre los hombres… (C3). Cooperan así, por medio de la “misteriosa fecundidad apostólica” de su vida contemplativa nazarena, en el caminar invisible del Reino de Dios entre los hombres (C10).
Los Hermanos del Evangelio, según sus Constituciones, están llamados a vivir en pequeñas comunidades fraternas dedicadas al anuncio de la Buena Nueva a los pobres (C1.1)... Construyen su vida religiosa y su misión alrededor de la comunión fraterna, del compartir de la vida de los pobres y de la intimidad con Cristo en la oración de adoración y de la vida en el desierto (C1.5)… Participan, según su vocación propia, en la Misión de la Iglesia. Se ponen al servicio de las Iglesias locales con vistas a testimoniar del Reino de Dios, de proponer un camino de reconciliación trabajando así por la unidad de todos los hombres y anunciar la Buena Nueva de Dios. La evangelización es vivida en un pluralismo de exigencias y tareas, en la diversidad de los dones de cada uno y en el pluralismo de situaciones (C1.8)…
Nos alegramos de la misión de cada una de nuestras Fraternidades. La respetamos y la apoyamos.
Aún reconociéndonos diferentes, nos sentimos en familia. A causa del carisma de Nazaret que nos es común y a causa, también, de las diversas situaciones de nuestros ambientes de vida, vivimos a menudo de manera similar. Reconocemos también que para vivir fielmente nuestras respectivas vocaciones, podemos recibir mucho los unos de los otros, inspirándonos y estimulándonos mutuamente. Constatamos igualmente que en el momento de fragilidad que vivimos, ayudarnos mutuamente es vital. Creemos que hay, viviendo una mayor comunión, un signo de esperanza para cada uno de nosotros y para todos aquellos y aquellas que nos rodean. Es un tesoro común que llevamos juntos en medio de los hombres y mujeres que tienen sed de reconocimiento y de amor.
El hecho de tener las sedes de las dos casas generales en la misma ciudad permite a los dos Consejos Generales reunirse regularmente para un compartir fraternal, promoviendo lazos de unión entre ambos Institutos, apoyarnos, reflexionar juntos, organizar y evaluar los diferentes ámbitos de colaboración.
Es en este espíritu que nos comprometemos a colaborar más sistemáticamente entre nosotros, en el marco de una Federación (según los estatutos que siguen), de manera que pueda dar cuerpo y sostener este compromiso en el tiempo.
Naturaleza de la Federación
La Federación, bajo la denominación “Federación de los Hermanos de Jesús y del Evangelio”, compuesta por el Instituto de los Hermanos de Jesús, de derecho pontificio, y el Instituto de los Hermanos del Evangelio, de derecho diocesano, es una entidad jurídica eclesiástica erigida por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Los Institutos religiosos miembros de la Federación mantienen su vocación propia, su estado jurídico actual y su propia autonomía jurídica.
La Federación tiene su sede en Bélgica, en la calle Théodore Bekaert 26, 1070 Anderlecht (Bruxelles).
Finalidad de la Federación
Creyendo que vivir una mayor comunión es un signo de esperanza tanto para sus miembros como para sus amigos, los dos Institutos quieren juntos asegurar, de la mejor manera posible, la fecundidad de la vida de Nazaret que les es común. Porque están convencidos que pueden recibir mucho los unos de los otros, se inspiran mutuamente y se apoyan para vivir fielmente sus respectivas vocaciones.
La finalidad principal de la Federación es, por lo tanto, promover la vida religiosa en cada Instituto; favorecer e intensificar las relaciones de colaboración y de ayuda mutua a todos los niveles; ofrecer medios más adecuados para la formación inicial y permanente de los religiosos; apoyar las comunidades locales; difundir el Carisma común de Nazaret.
Ámbitos de colaboración
Los dos Institutos colaboran en los siguientes terrenos:
A) La Formación:
En el caso de que se vea deseable organizar un año cumún de noviciado con la participación de novicios de ambos Institutos, las responsabilidades son las que ya se definieron en el párafo sobre la organización de la Federación. Los novicios harán también un año de noviciado en su propio Instituto.
El Presidente federal y su Consejo velarán en apoyar los centros de estudios, sesiones de formación permanente, comisiones sobre la formación, como también retiros comunes y estancias en el desierto…
B) La vida de las comunidades y de las Regiones:
Con vistas a profundizar en la colaboración entre los dos Institutos y la vida de la Federación, los miembros de los Institutos federados participan recíprocamente a los encuentros considerados importantes del otro Instituto, se visitan fraternalmente, comparten las noticias y colaboran en la difusión del carisma.
En el caso de las comunidades federadas, se establecerán contratos y deberán ser aprobados por el Presidente federal con el consentimiento de su Consejo tras el acuerdo de los superiores y de los miembros concernidos.