Me gustan especialmente los diarios cuando se comparten los detalles de la vida cotidiana. Así que decidí compartirles, yo también, algunos momentos concretos de nuestra vida de fraternidad y de la vida de la gente.
Nuestra jornada empieza a las 6h 30 con una hora de adoración
juntos. Todavía es de noche. Es el momento extraordinario en el que
la pequeña veladora roja domina la capilla, y parece que no existe
nada más. Ilumina mucho, pero es discreta para los ojos: una
invitación a concentrarse, a despertar este aspecto indispensable de
la oración que es la “atención”. Se diría que sólo existe
Dios.
Pero poco a poco la luz del día aparece, dulcemente y muy
lentamente, sin ninguna violencia. La pared del fondo de la capilla
está formada por tres ventanas amplias que dan a la creación.
Entonces comienza a aparecer el mundo: el cielo, después los árboles
(que pasan muy lentamente del negro al verde). Y empieza un concierto
que reune voces tan diferentes como las de los pájaros, los perros,
los gallos, (también había un asno que a veces hacía de solista,
pero acaba de morir). El mundo mineral de las montañas, la vida
biológica de los árboles, la vitalidad de los animales… tantas
facetas de nuestra propia realidad, tantos recuerdos de algo que
pertenece también a nuestro ser. Pero la luz no aleja al Dios de la
noche; le presta otros rostros. En nuestra oración diaria asistimos
a esas metamorfosis de Dios, que es silencio y noche, pero que
también es luz, movimiento, canto y sobre todo vida.
A las 7h30 rezamos la oración de la mañana. A veces la invocación
al Espíritu coincide con la salida del sol y entonces se esboza una
sonrisa como para confesar que el momento es mágico. El día empieza
con un milagro.
En el momento de la oración universal, el mundo entero
parece entrar atravesando las ventanas de nuestra capilla: los
migrantes, los vecinos, las fraternidades y los hermanos, nuestras
familias, los pueblos que están en guerra, las mujeres embarazadas,
los enfermos, los presos; y cada uno con su nombre propio. Es otra
etapa del despertar de Dios. La oración pierde entonces su lado
íntimo y se transforma en un viaje extraordinario del alma hacia territorios
más lejanos.
A la salida de la capilla normalmente "Tequila" nos espera, no el
tequila líquido, típico de México, sino la que tiene 4 patas,
nuestra perra. Un hermano la acaricia amablemente, el otro la corre
lejos, o bien le grita por sus ladridos nocturnos. Hay que
confesarlo: ¡no es fácil ser un animal doméstico en una
fraternidad! Pero veo que ella es mejor que yo en la aceptación y la
apreciación de la diferencia.
La gente de aquí tiene la tradición de rezar 46 rosarios durante
los 46 días que preceden la fiesta de la Virgen de Guadalupe. El
número 46 recuerda las estrellas que están en el manto de la
Virgen: cuantas veces intenté contarlas, pero solamente una vez
llegué a 46, pues hay varias que están muy escondidas en los
pliegues del manto. Una imagen de la Virgen se pasea de casa en casa
durante 46 días. En nuestro pueblo de Los Pozos hay 52 casas; eso
quiere decir que durante 46 días visitamos casi todas las casas del
pueblo: en cada casa se reza juntos el rosario, y después la familia
ofrece algo para comer.
Los textos de las oraciones son bastante horribles; se reza a una
velocidad que falta el aliento; los niños se mantienen a distancia,
hablan en voz alta; los celulares suenan en medio de la oración… Y
sin embargo, a pesar de todo eso, ¡es un momento de gracia evidente!
No estamos en el Templo, sino en el interior de una casa pobre, a
menudo muy pobre (ahí está el verdadero Templo, el verdadero
Tabernáculo). Las que dirigen la oración son chicas jóvenes y no
sacerdotes. Formamos una comunidad de fe, renunciando a la comida de
nuestra casa para compartir un poco de alimento con los vecinos. Y en
esta ocasión se constata, la pobreza de algunas familias que solo
pueden ofrecer un vaso de te limón con algunas galletas (mientras
que otras pueden darte un panecito, o incluso una sopa o “tostadas”).
Se viven entonces ciertos aspectos fundamentales de nuestra fe: la
pobreza, la peregrinación, la acogida, el ágape…
Al llegar a una casa se canta: “Ya llegó la niña” y al salir se
cantará: “ya se va la niña”. La Virgen se ve como “una niña”
y además se cuenta que ella misma llamaba a Juan Diego “hijito
mío”: todo eso se expresa con una tonalidad de ternura y con
diminutivos que son típicos de la cultura y del alma mexicana.
La Virgen de Guadalupe no se representa con el niño en sus brazos.
Se parece muy poco a María, niña de Nazaret. Representa más bien
el lado femenino de Dios, el otro rostro del Amor, esta divina
protección maternal que la gente necesita más, en esta cultura en
la que la imagen paterna es severa (exigiendo obediencia y
sacrificios). Compensa el otro lado. Es común invocar la protección
“de Dios el Padre, y de la Virgen de Guadalupe, nuestra Madre”:
dos contraventanas del misterio de Dios.
Durante 46 días, hicimos una buena peregrinación fuera de nuestros
muros, una experiencia de comunión lejos de nuestra casa: éramos
huéspedes en la Iglesia de los pobres… Y ahora volvemos a rezar
Vísperas en nuestra capilla y a cenar en nuestra casa.
***
Ángeles tuvo serios problemas con su hígado. Durante mucho tiempo
tenía varices en el esófago que se reventaban y vomitaba sangre.
Después todo su organismo se vio afectado. Un día la mamá la trae
a nuestra casa, para que la acompañemos al médico: su vientre está
enorme y su color amarillento. El médico se da cuenta de que su
estado es grave y pide llevarla a una clínica. La familia de Ángeles
es muy pobre: no hay medios para llevarla a una clínica. En el
hospital público de Ciudad Hidalgo (que es un bello edificio pero
sirve de poco), le dicen que hay que llevarla de urgencia al hospital
de Morelia (a dos horas de aquí). Pero resulta que la ambulancia
pública está descompuesta desde hace mucho tiempo (¡!). Entonces
sugieren una ambulancia privada, pero eso cuesta caro. No queda otra que llevarla a Morelia con nuestra camioneta. Ella agoniza. En
Morelia se queda en urgencias durante un día entero: finalmente la
mandan a casa, pues no hay bastantes camas ("no había lugar para ellos en el albergue" dice el Evangelio de la Navidad).
Al cabo de 6 días, está tan mal como la semana anterior, y todo vuelve
a empezar: nueva gira del mismo tipo… y las puertas permanecen
cerradas pues ¡la familia no puede pagar! Ella sigue agonizando, y
cuando llegamos a Morelia entra en coma… y tres días más tarde
muere.
3 o 4 horas más tarde, está en un féretro, en camino para regresar
al pueblo. La familia no puede permitirse un féretro decente: está
en una caja de madera contrachapada que parece cartón. La tapa no
tiene cerradura y la caja no se puede cerrar por lo que permanece
entreabierta. Hay que enterrarla sin tardar. Y al día siguiente,
ella descansa en el cementerio de Los Pozos.
El gobierno no cumple con su deber; y sin embargo México es un país
rico donde hay mucho dinero. Pero el problema está en otra parte: es
una cuestión de justicia social.
Ángeles dejó una niña de 6 años: el papá, un viejo del lugar,
nunca la reconoció. Entonces los abuelos la adoptan con toda naturalidad. La
“gran familia” es una gran fuerza aquí y funciona mucho mejor
que los servicios sociales. Gracias a Dios por eso.
***
Reyna es una vecina joven de nuestro pueblo. En el mes de agosto se
casó con Noé, un joven de un pueblo vecino. Es un buen tipo; fue
educado por su abuela, pues su madre lo abandonó y su padre vive en
USA. La boda fue una gran fiesta y muy bella. Después de la
celebración quisieron ir de la capilla del pueblo a la casa
caminando, como es tradición. Fuimos pues caminando a pie, por los
caminos de terracería, en medio del campo: La música abría el
camino junto con los novios y todos los amigos iban detrás.
Según la tradición, la recién casada tiene que ir a vivir a la
casa de sus suegros: sucede que ella no descubre la casa hasta el día
de la boda (pues no la puede frecuentar antes de la boda): es un
ajuste difícil y a veces traumático.
Después de la boda, Reyna vivió algunas semanas con Noé en la casa
de sus suegros y todo iba bien. Ella quedó embarazada, y entonces
Noé decidió irse a USA. Es algo que ocurre muy a menudo. ¿Es una
especie de profunda irresponsabilidad por parte del hombre? Tal vez…
Pero Noé dice que necesita encontrar el dinero para poder pagar el
parto y construir una casa donde podrá vivir con su esposa. Se va…y
Reyna recién casada, se encuentra sola en una casa y una familia que
apenas conoce; decide pues regresar a casa de sus papas.
Noé llegó a la frontera de Tijuana. Al cabo de un mes pudo pasar la
frontera con un grupo de hombres. Fueron detenidos por la policía
americana, y Noé fue el único del grupo que pudo escapar y regresar
a Tijuana. Encontró un pequeño trabajo en un restaurante, esperando
poder pagar a otro “coyote” que le haga cruzar la frontera. Al
cabo de varios meses de espera inútil, deprimido y enfermo (con
alergias en la piel) regresó aquí. Su esposa se va a aliviar dentro
de algunos días. Gracias a Dios él estará presente. Sin embargo
conocimos suficientemente situaciones parecidas para poder intentar
ser profetas: él se marchará una vez más al Norte… todavía
intentará pasar la frontera… y muy probablemente después de haber
dejado a su esposa embarazada por segunda vez.
Aquí es muy raro que la emigración sea un fenómeno permanente: los
hombres se van a USA y regresan varias veces en su vida (normalmente
pasan estadías de 3 o 4 años en USA, no menos, pues hay que pagar
caro para pasar). ¿Y las mujeres? ¿Y los niños?
***
Les dije que iba a escoger historias significativas de la vida de la
gente. Les hablé de la muerte de Ángeles y de la boda de Reyna para
mostrarles las dos grandes llagas, las dos grandes tragedias de la
gente de aquí: la impotencia frente a la enfermedad y las divisiones
provocadas por la emigración. Somos testigos de eso todos los días.
Pero también quise hablarles de los 46 rosarios, pues la fe de la
gente es su gran riqueza, el recurso escondido que les permite ser
fuertes y tener confianza. También quisiera compartirles aspectos
alegres de su vida, de nuestra vida: las numerosas fiestas que se
suceden a veces sin parar… pero eso será en otro diario.
***
A las 9 de la noche, rezamos Completas. Según la tradición, las
Completas no siguen los tiempos litúrgicos y no hay intercesiones:
es el regreso a la noche. La capilla vuelve a encontrar la oscuridad
total (rezamos la mayor parte en la oscuridad). Entonces la veladora
roja, recuperando el brillo que había perdido durante el día,
vuelve a ser dominante y simbólica. Brilla en la capilla, pero
también parece brillar en el alma. Todo el concierto de los animales
se ha terminado, y Dios recupera su rostro silencioso y nocturno.
Después de una jornada transcurrida entre el trabajo y los
encuentros, encontramos la noche como una amiga, como el espacio más
profundamente nuestro. Ella nos pertenece, con su regalo de intimidad
y la presencia del Gran Misterio. Es el momento de lo Único
Necesario.
Las últimas palabras pronunciadas juntos son: “con una infinita
confianza, pues Tu eres nuestro Padre”