Diario de Gustavo (en año sabático)

 
Gustavo, de la fraternidad de Mlangarini (Arusha, Tanzania), inició su año sabático con una sesión de tres meses en el Centro de Estudios Teológicos "Lumen Vitae" de Bruselas, Bélgica.

Después de Lumen Vitae me fui de nuevo un mes al monasterio benedictino de Wavreumont en Bélgica. Medité todos los días antes del oficio de las 6h. y después participaba en la misa con los monjes. Después hacía algunos trabajitos, limpieza, cortar madera. Y por la tarde salía para un buen “jogging” y finalmente terminaba mi jornada con lecturas y una meditación.

Después llegó el momento de ir a Argelia. Tuve la suerte de poder conseguir el visado. Salimos con Paul André hasta Argel, y fuimos acogidos por los hermanos. François vino a recibirnos al aeropuerto. Durante 2 días visitamos Argel con él. Después tomamos el bus para Beni Abbes. Me sentí feliz de descubrir este lugar del que había oído hablar desde mis comienzos en la Fraternidad. Henri y Bernard nos esperaban a la llegada del bus para acogernos y llevar nuestro equipaje. Fue una gran alegría volver a ver a los hermanos después de tantos años: la última vez fue en Spello en 1997. La ermita de Carlos de Foucauld inspira mucho para la meditación y la oración. Y yo pasaba fácilmente las tardes sobre la arena de las dunas de Beni Abbes. Pasé las mañanas con Henri en la huerta, mientras que Bernard e Yves estaban en el otro lado de la huerta. Me gustó mucho trabajar en la huerta bajo la dirección de Henri. Era el momento de la fiesta del Mouloud en Beni Abbes y había mucha gente que venía de todas partes de Argelia para celebrarla. Casi todas las semanas, por lo menos una vez, fuimos invitados por amigos de los hermanos para una comida. Me impactó mucho la acogida de la gente de Beni Abbes. Los hermanos son verdaderamente queridos y respetados aquí. Muchos se acuerdan todavía de hermanos que vivieron o solamente pasaron por Beni Abbes para su año sabático. 

Después de un mes pasado en Beni Abbes regresamos y me quedé en La Roque d´Anthéron. Allí encontré a Yves y Christian. Trabajé con Yves y a veces con Christian en la casa cuando este no iba a su trabajo en la residencia para personas mayores. Con Paul André también visité a Sebastian, el joven al que acompañó durante varios años hasta su jubilación.

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Después de otros 10 días en Wavreumont, salí hacia la India. Quería descubrir una cultura diferente, conocer a los hermanos, tener momentos de retiro y estaba muy motivado para hacer una meditación “Vipassana”. En el avión tuve mi primera iniciación. La azafata me preguntó si quería comida vegetariana o no. “¡No vegetariana!” por favor. Me dieron arroz con pollo con mucho aderezo. Tuve suerte de que mi estómago no me traicionó en el momento. Sólo algunos efectos que sentí la mañana siguiente. 

En el aeropuerto de Bangalore, me esperaba Mani. Con Mani tuvimos que atravesar la carretera principal en Bomanallaly entre los carros, los autobuses, los camiones, las motos, las vacas y centenares de peatones. Antes de llegar al pueblo de Mylasandra pasamos por el de Begur y pensé “eso se parece mucho a ciertos barrios de Nairobi”. En la fraternidad encontré a Michel, Anand, Kumar y Xavier. 

La casa es muy grande… y para los hermanos de Jesús, esta casa fue construida para acoger también hermanos, ya sea para un tiempo de descanso, o para una estadía larga, o para aquellos que como Giang y yo estamos en año sabático. Pasé la primera semana dialogando con los hermanos y haciéndoles muchas preguntas sobre lo que descubría a mí alrededor: ¿Cómo haces esto y aquello? ¿Cómo utilizas esto o aquello? Michel estaba siempre ahí dispuesto a responder a todas mis preguntas. Así que compartí mucho con él y me sentí a gusto enseguida. 

Anand había preparado un pequeño programa para mí. Así que después de una semana, salí para hacer mi primera experiencia de retiro en un ashram. Fuimos allí con Kumar y en el camino visitamos a su tía y a su familia. El ashram está dirigido por un sacerdote diocesano (El padre Louis) con una hermana que se hace cargo cuando no está el padre. Este es vicario de los religiosos de la diócesis, y lo invitan aquí y allá para animar retiros. Desde los primeros días de mi llegada, hablé con él explicándole que estaba en búsqueda y que había venido para experimentar la vida del ashram. Me respondió: “Tu sabes que estar en búsqueda significa reconocer que tú no tienes lo que buscas y que para eso estás dispuesto a hacer cualquier sacrificio y que tienes la esperanza de encontrarlo.”

En el ashram uno se levanta a las 5h. La meditación empieza a las 5h30 y dura hasta las 6h30. Después se celebra la misa en el rito indio con fuego, flores y muchos diálogos cantados entre el celebrante y los fieles. La misa se termina a las 8h... Después del desayuno, hay trabajo hasta las 10h. De 10h a 10h30, otro tiempo de meditación. Después de la pausa del “té” hay una enseñanza del padre durante una hora. A mediodía de nuevo una meditación de una media hora. Yo estaba con un grupo de seminaristas (con su formador) que se preparaban a recibir el diaconado y la ordenación presbiteral y un grupo de hermanas del Espíritu Santo que celebraban su aniversario. Ellas están en Mahenge en Tanzania y también querrían empezar una comunidad en Arusha. A las 3h de la tarde, una hora de meditación seguida de una nueva enseñanza del padre hasta las 5h. A las 6h. otra meditación de una hora seguida de la cena y finalmente un momento de diálogo entre todos sobre como estuvo la jornada.

La vida en el ashram se parece en todo a la vida tradicional india: todo es muy sencillo, uno se sienta en el suelo y no hay colchones en la cama, sólo una estera. Father Louis conoce la Fraternidad desde que los hermanos comenzaron a vivir en medio hindú en Alampundi y admira mucho la Fraternidad incluso si a mi juicio, la idealiza un poco demasiado. En esta experiencia en ashram, realicé la unidad entre el hinduismo y la cultura india y que todos estamos conectados, humanos, animales, plantas: todos somos creaturas de lo divino y por lo tanto no hay que abusar de la naturaleza. Yo había venido para quedarme 10 días, pero finalmente me quedé 3 semanas, y me gustó mucho esta experiencia. 

Después de 3 semanas, regresé a la fraternidad y recibí la respuesta de que en el centro Vipassana ya no había lugar para mí. Después de la reunión regional de los hermanos a la que estaba invitado, fui con Visu a las celebraciones del 25 aniversario de la presencia de las Hermanitas de Jesús en Hosur. Las hermanitas de Jesús son muy conocidas, y todos los párrocos que las conocen estaban presentes; uno de ellos hizo la traducción del inglés al Tamul, el idioma hablado en el Estado de Tamilnadu. Anand también estaba presente y al día siguiente, continuamos nuestro viaje hasta Alampundi.

Aquí es donde los hermanos se insertaron en medio hindú hace 50 años y trabajaron con los leprosos. Es una fraternidad muy bella pero que llega a su fin. Shanti que ahora está cansado, vive en un instituto médico dirigido por hermanas que lo conocen desde hace muchos años. Anand también vivió en esta fraternidad durante 20 años y me impresionó ver cuanta gente conoce allí. Ahora que es el regional, vive en Mylasandra. Como Michel también vive en Mylansadra, aquí en Alampundi solo queda Visu que trabaja como educador de niños discapacitados. Ahora los hermanos quisieran empezar una nueva fraternidad en otra parte pero siempre en el Tamilnadu.

Anand contactó por Internet con el “Bodhi Zendo Center”, un centro de meditación budista. Envié mi solicitud, y 2 días después recibí una invitación para un periodo de 10 días. Este centro budista fue fundado por un sacerdote jesuita: el padre Ama Sami. Es el único maestro zen indio reconocido por los maestros zen japoneses. Su enseñanza abraza las tradiciones Zen Soto y Zen Rinzai. Pero también se alimenta del cristianismo y del hinduismo. La mayoría de la gente que viene aquí son extranjeros: franceses, italianos, ingleses, alemanes, australianos… La jornada durante los retiros Seshin empieza a las 5h30; Cuando se entra en el zendo (sala de meditación) uno se inclina: hay una estatua de Buda sobre una mesa y detrás una cruz. Después uno se inclina delante de su propio cojín (que representa el respeto a su propio “verdadero yo” como también a su “falso yo”), y finalmente uno se inclina ante todos los demás ejercitantes. Una vez que todo el mundo está sentado, se toca tres veces una campana y se empieza el zazen. Mientras duran los tres campanazos, cada uno tiene la posibilidad de hacer un último movimiento y toser, pues el zazen exige un silencio y una inmovilidad absolutos. En el zazen se aprende a retirarse y a reflexionar sobre uno mismo. El zen, en la vida cotidiana, enseña una transformación total de todo nuestro ser y de las acciones que afectan todos los aspectos de nuestra vida. La iluminación del Buda llega después de la toma de conciencia de que la vida está llena de sufrimientos, de que el origen del sufrimiento está en el deseo, y que el deseo viene de una mala concepción de la naturaleza de las cosas, especialmente de la naturaleza del yo. Por eso zazen (sentarse sencillamente, sin ningún objeto de concentración, es tan importante). Cuando somos lo más espontáneos, lo más honestos sobre nosotros mismos, entonces estamos lo más cerca de la realidad última.




Tranquilícense, no cambié de religión y no les pido que cambien la suya, pero quisiera decirles cuanto hice verdaderamente mías algunas herramientas para estar en presencia de la cruz y dejarme amar incondicionalmente: aceptar quien soy y estar lleno de compasión conmigo mismo, aprender cómo enfrentar los conflictos y darme a mí mismo. En realidad, se trata de intentar responder a la pregunta: ¿Quién eres tú verdaderamente? Esta experiencia en un centro budista fue verdaderamente para mí como la crema sobre el pastel. Estoy muy agradecido a los hermanos que me acogieron y por todo lo que viví con ellos. En todas partes donde estuve, me sentí acogido y en mi casa. Creo que la situación y la realidad de la fraternidad en India son parecidas a las nuestras en África del Este y que hay cosas que podemos compartir. ¡La cuestión es saber cómo y qué!

Estoy feliz de haber tenido esta experiencia en la India y de todo este año sabático. Espero poder dar lo mejor de mí mismo a la vida de la Fraternidad en África del Este.