Diario de Alberto (Fraternidad de Spello, Italia)

Desde su principio en 1965, la fraternidad de Spello asume su vocación de acogida de personas en búsqueda o deseosas de un tiempo de retiro o de reflexión, sea en solitario o en grupo.

Voy a intentar compartirles algunas imágenes sobre nuestros compromisos con relación a este servicio de acogida. 

Empecemos por el trabajo como telón de fondo: antes de que empiece la acogida, primero están las inscripciones y las comunicaciones con aquellos que desean venir. Antes de la oración, nos turnamos para estar a las 6h. de la mañana delante del teléfono y del ordenador y tratamos de responder a las llamadas y mails hasta las 7h. Pero en general el tiempo no es suficiente… y además hay peticiones que necesitan reflexiones y discusiones…, y por lo tanto hay que encontrar en otros momentos el tiempo para arreglar las cosas. Entonces por la noche, después de la “oración de abandono”, Franco se pone a trabajar: es nuestro secretario oficial. 

Ninguno de nosotros es especialmente “adicto” a la tecnología informática: para enviar y recibir e-mails, hasta ahí llegamos todos bastante fácilmente… pero, a nuestros ojos, el funcionamiento de nuestro sitio Internet es más bien un misterio. Menos mal que un amigo vino para ayudarnos y trató de simplificar las cosas al máximo. De repente, cuando hay que enviar boletines o subir fotos al sitio, ¡soy yo el que me pongo la gorra del “experto”!

Para acoger bien a la gente hay que mantener las ermitas en buen estado: se trata del mantenimiento, pero también de vigilar que el agua no se hiele durante el invierno, que la lluvia no entre por los tejados, que la gente que se va deje la casa con un mínimo de orden para poder acoger a los siguientes… Para eso es sobre todo Gabriele el que toma nuestro carro “Panda” y da la vuelta con su caja de herramientas y otros útiles variados según las necesidades.

Para las ermitas, hay que seguir también toda la parte administrativa que cada vez es más complicada. Ya hace algunos años para estar en regla, tuvimos que constituir una Asociación: ella necesita su contabilidad… Ahí también es Gabriele (nuestro administrador-contable) el que agarra la pelota, lo que nos proporciona un gran alivio para nosotros tres.

Ya se acerca el momento de la llegada de nuestros huéspedes. Entre ellos unos llegan con su carro pero a otros hay que ir a buscarlos a la estación. Franco es nuestro chófer oficial, una ocupación que en principio no debería tomar demasiado tiempo. Pero no es extraño que alguien se equivoque de parada o no llegue a abrir la puerta para salir del tren… eso puede convertirse en un servicio de traslado que ocupa toda la tarde.

Empieza la semana.

Por la mañana nos encontramos para rezar laudes. Sin ser Pavarotti, mis hermanos no me hacen la competencia en lo que concierne a la música para la liturgia. Con la guitarra, aprovecho de los cantos escritos en otras épocas por Bernardo y Alberto C. Teniendo el mismo nombre que éste último, ¡recibo muchas felicitaciones por haber compuesto cantos tan bellos!

Después de la oración, hay que dar trabajo a cada uno. Tenemos que decidir entre nosotros las prioridades entre el mantenimiento de las ermitas y los olivos, pero también hay que saber lo que ocurre en los campos de nuestros vecinos, si necesitan que les echemos una mano… Nuestro campesino oficial es Yves: siempre está en contacto con nuestros amigos campesinos del valle.

Yves también es el oído oficial para mucha gente que desea confiar sus historias al buen Dios a través de la confesión, o que buscan escucha y consejos sobre sus problemas de relación, de pareja… 

Entretanto puede haber grupos, sobre todo scouts, que llegan pidiendo un testimonio sobre Carlos de Foucauld y sobre nuestra vida: los límites de nuestros espacios y el hecho de que los grandes autobuses no pueden llegar hasta aquí nos ayudan a disuadir a grupos más numerosos, y acogemos a los grupos más motivados o los grupos más “familias”. ¿Quién se “encarga” de eso? Principalmente Franco y a veces Gabirele; sobre todo ni Yves ni yo que tenemos un talento casi equivalente pera escaparnos de semejantes situaciones. 

Las personas que vienen a compartir una semana con nosotros, permanecen con nosotros en nuestras oraciones y conversaciones, aun cuando ya no estén. A menudo durante las comidas, surge un nombre en nuestras discusiones… Entonces hace falta que ese nombre encuentre un rostro para cada uno de nosotros, lo que no siempre es fácil sobre todo si se trata de alguien que sólo pasó una sola vez, y que eso tuvo lugar bastantes años atrás… La parte más difícil del juego de memoria, es establecer en que año esa persona vino a Spello.. Entonces hace falta encontrar un punto de referencia inquebrantable: “Yo todavía no estaba en Spello”... “Yo estaba de año sabático”… “Sin embargo yo estaba seguro de que tú también estabas…”