Héctor es mexicano y pronunció sus primeros votos el 27 de abril de 2014. Nos comparte su experiencia como joven hermano en Cochabamba.
Hace
un largo tiempo que estoy en deuda con ustedes, al no escribirles muy
a menudo. Deseo que la paz de Cristo permanezca en sus corazones.
Aprovecho estas vacaciones antes de lo previsto, para ponerme delante
de la pantalla de la computadora y escribir con calma. Sin duda que
ha sido un don de Dios experimentar tantos regalos de Él. He
cumplido un año de mi estadía en este país boliviano, lleno de
grandes y gratas sorpresas, más positivas que negativas. Mis
hermanos, José Luis, Marcos, Patricio y Max me han ayudado a crecer
en varios aspectos de mi vida fraterna y a través de la gente de la
comunidad de Piña Chico y del trabajo.
Son
varios aspectos de mi vida que quiero compartirles de estos últimos
meses y uno de ellos entre otros, es la vida de trabajo como
hermanito. Quiero decirles que no me fue difícil encontrar trabajo
desde mi llegada. Aquí en Bolivia se puede encontrar un trabajo y
creo que el país está dando pasos importantes para el mismo
desarrollo del empleo.
El
trabajo que realicé durante un año, fue en un matadero de pollos,
cuya propietaria es una conocida de los hermanos. Explico qué
realizaba, porque hace unas semanas, evalué mi salida por motivos de
relación laboral con una compañera y que se dan en todo el ambiente
laboral por todas partes.
Tengo
que madurar en este aspecto laboral y evaluar con calma mi caminar
como hermanito obrero. Fue difícil tomar esta decisión de dejar la
empresa, por los fuertes lazos de amistad que se dieron con los
dueños y tantas familias que laboran en la empresa. Creo que mi
corazón se inclino más a las relaciones fraternas y sanas que se
dieron a través del tiempo y no quería que estas terminaran en
rupturas. Preferí hacerle frente al asunto con consciencia y
libertad, asumiendo con madurez y ética esta decisión personal. Mis
hermanos me apoyaron en la escucha y diálogo al tomar esta
determinada decisión.
Mi
trabajo en el área del almacén me permitió tener comunicación con
toda la empresa y gente externa, como es el caso de diversos
proveedores que solía atender personalmente. Aproximadamente son
entre 180 a 200 compañeros que llegué a atender por diferentes
áreas como es: administrativa, operadores, mantenimiento general, el
personal de faeneo que matan los pollos, ayudantes de diferentes
puestos; etc. Estoy muy agradecido con Dios por darme la oportunidad
de vivir está experiencia en esa empresa y de hacer un camino de
amistad y diálogo con la mayoría de los compañeros que a través
del tiempo se convirtió en amistad de hermanos y amigos. El almacén
donde me encontraba fue en muchas ocasiones lugar de escucha,
diálogo, un espacio donde me permitió ser testigo de varias
historias.
Ahora
“El Mexicano”, como me llamaban, cierra un capítulo laboral para
emprender nuevos horizontes. Les dejé mi gratitud a cada un@ por
darme la oportunidad de caminar con ell@ en éste éxodo de la vida
laboral. Sé que muchos de ellos tienen que aguantar muchas veces
injusticias de los mismos dueños o subalternos; porque tienen una
familia que mantener y siguen adelante sabiendo muchos de ell@s que
no es fácil dejar un trabajo. Quiero comentarles que durante este
tiempo logre experimentar como cualquier obrero la vida personal,
familiar y laboral. El mayor tiempo, está más en el trabajo, que en
casa. Tienes que darte tiempos para estar con tu familia. Sacar
tiempos para asuntos de la comunidad u otras cosas. Ahora comprendo a
tantos hombres y mujeres que por su vida de trabajo no pueden asistir
muchas veces en asuntos que atañen a su vida espiritual, de
cualquier índole de credo religioso. No digo que toda la gente, pero
muchas veces el mismo cansancio o los mismos fines de semana los
suelen ocupar para ir a comprar los víveres para toda la semana,
arreglar la casa, hacer cosas comunitarias que implica su presencia.
Como hermanito obrero viví en carne propia este aspecto. Llegas
fatigado del trabajo a la casa y con ganas de descansar, cenar y
ducharte para estar bien para la jornada del día siguiente. Pero
creo que en este aspecto mis hermanos, que han pasado por tantas
experiencias de trabajo, me comprendían y apoyaban por no estar
tanto en las actividades de la misma casa. Los fines de semana eran
sagrados, porque
me
permitía estar más con mis hermanos y con la gente de la comunidad
a través de las celebraciones que se realizan todos los domingos o
aprovechar las invitaciones de sus festejos para estar cercano a
ellos. Cuando no me sentía tan cansado lograba sobre todo chequear
correo y estar un poco alerta de cómo está el mundo actualmente y
sobre todo saber noticias de los hermanos de otras fraternidades.
Hasta
ahora les compartí mi área de trabajo deseando encontrar otro para
seguir creciendo y escuchando a lo que Dios me pide en mi vida a
través de los mismos compañer@s que va poniendo en mi camino. Sé
que primero Dios, lo encontraré y que me espera un buen trabajo.
Quiero
decirles como me encuentro en mi aspecto de vida personal con Dios y
con mis hermanos de comunidad. Creo que es importante saber siempre
el objetivo, las metas y las perspectivas de nuestra vida. Esto me ha
ayudado a ser más consciente de mi segunda etapa de noviciado. Sin
la oración personal y comunitaria no es posible que sobreviva. La
oración personal con Dios ha sido y es la inyección para que rinda
en la jornada del día y la oración comunitaria confirma está
primera. Pienso mucho en la visita que realiza Jesús a Marta y
María, donde Marta le dice a Jesús. Señor.
¿No te importa que mi hermana me deje sola para servir? Dile que me
ayude. Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas,
cuando en realidad una sola es necesaria. María ha elegido la mejor
parte, y nadie se quitará.
Lc 10, 40-42. Tanto la labor de Marta en el servicio y María en la
oración-contemplación al pie del Señor van unidas y así creo que
me ha tocado vivir y viviré como hermanito obrero donde me
encuentre.
Durante
este tiempo he tratado de buscar algunos fines de semana para tener
tiempos de oración y de desierto. Afortunadamente tenemos un espacio
donde lo podemos hacer a las afueras de la ciudad, siendo un lugar
muy bello, que se presta para el diálogo personal con Dios. La
relación con mis hermanos de comunidad, me ha ayudado a establecer
fuertes vínculos de fraternidad con cada uno de ellos. He aprendido
de su experiencia y me siento valorado y acogido por ellos. Nuestros
encuentros fuertes son los tiempos comunitarios de oración y en
torno a los alimentos. La revisión o planificación de vida nos
ayuda a crecer en comunidad y libertad en lo que cada uno aporta,
respetándonos en nuestros diálogos. Sin duda que hay aspectos donde
quizá no estemos de acuerdo los cuatro, pero creo que esa es la
riqueza de la vida comunitaria de saber decir, “no estoy de acuerdo
con lo que dices, pero respeto tú decisión”. Esto es importante
para que se pueda crecer en comunidad y siempre buscando con madurez
y equilibrio el diálogo comunitario entre los cuatro que estamos en
Cochabamba. Nuestro Hermano Max, como saben ustedes está en
Titicachi, en la Provincia Muñecas y son muchas horas de distancia
que nos separan, pero en lo personal desde que llegue a Bolivia lo
siento muy cercano a los hermanos. Se hace presente a través de
llamadas por teléfono o con su presencia física para estar aquí en
Cochabamba. Valoro su atención por cada uno de los hermanos y los
espacios que tiene que hacer en su agenda personal para los
encuentros entre nosotros. Al igual mis hermanos están pendientes de
él por teléfono o por internet o cuando hay alguna oportunidad
también se visita Titicachi.
Otro
de los aspectos que les comparto y quizá lo he abordado en algunos
de mis renglones; es la cercanía de los vecinos de Piñami Chico. Me
he sentido muy acogido por las diversas familias que componen la
comunidad. Lo experimento y lo vivo así, a pesar que no los veo
mucho tiempo. Siento el cariño de sus familias. Algunos logro
ubicarlos muy bien y otros me falta por conocer. Cuando se da la
oportunidad de celebrar o conmemorar un acontecimiento, ya sea
familiar o comunitario, aprovecho para entablar diálogo con ellos.
Me ha impresionado su forma de celebrar sus bodas y sus velorios, una
verdadera celebración de alegría y convivencia entre ellos mismos
como vecinos. Para muchos somos una verdadera familia, donde
prevalece la comunión entre verdaderos vecinos y amigos.
Estas
vacaciones también fueron la oportunidad para realizar mi retiro de
preparación a mi Primera Profesión. Con José Luis estaba
planificado este retiro y lo realizamos con Max en Luquisani, una de
las comunidades que él atiende. Me ayudó mucho este espacio de
desierto para responder a Dios para lo que Él quiere de mí. Por la
mañana teníamos una breve charla que José Luis preparó muy bien
para todos los días. En las comidas acordamos no hablar. Por la
noche celebramos juntos la Eucaristía y compartíamos un poco de
cómo nos fue durante el día o abordando el tema de la mañana y un
breve comentario del Evangelio. Solíamos tener momentos fuertes de
oración personal y en la madruga nos reuníamos a la oración
nocturna.
El
primer día me ayudo la introducción de José Luis, donde recalcaba
el objetivo del retiro: “El
objetivo de un retiro es la Persona de Jesús, conocerlo, crecer en
la amistad. El objetivo no somos nosotros ni nuestros problemas, ni
poner en regla nuestra vida. La perspectiva es experimentar la
amistad de Jesús, la gratuidad de su amor y creer en él. Desde ahí
se pueden abordar luego nuestros problemas, la realidad de nuestra
vida, que tiene otro peso, cuando se mira la perspectiva de Jesús,
que es amor incondicional, la aceptación respetuosa de nuestra
realidad y la misericordia”.
Gracias a esta introducción logre adéntrame en esos días y sentir
como Dios me habla a través de su amistad y amor, que tiene por el
ser humano.
Todavía
trato de rumiar y reflexionar el gran valor y la fidelidad del
compromiso que quiero hacer consciente y libremente al pedir ser
admitido a la Primera Profesión. Consciente de mi fragilidad como
ser humano pero también confiado en la gran Misericordia de Dios
para conmigo. Siento que Dios me llama a través de esta familia que
ustedes componen, los Hermanitos del Evangelio, tratando de vivir la
vida de Nazaret desde lo ordinario, con los más frágiles que el
mismo Señor nos confía en nuestro caminar.
Me
pongo y abandono en las manos de Dios para que no se haga mi voluntad
sino lo qué Él quiere para mí entre ustedes, que me acogieron hace
4 años. Les pido a cada uno su oración para tratar de vivir en
fidelidad mi entrega a Dios en medio de mis hermanos más frágiles y
humildes, a los que Dios revela sus secretos del Reino, que así sea.
Me despido deseando que este año que ya inició sea un año de
muchas bendiciones para cada uno de nosotros. Nos seguimos
encontrando en la oración de todos los días.