Nuestro prior visitó a nuestros hermanos de Brasil y Bolivia; también participó a la reunión regional de América Latina.
Joao
forma parte de esta comunidad que actualmente consta de unas veinte
personas. Como nos lo había explicado, son los miembros de la
comunidad de la Trinidad (que frecuentaba regularmente y donde a
menudo iba a rezar), los que lo invitaron a unirse a ellos cuando
cumplió sus 80 años. Encontré a Joao en plena forma y feliz de
vivir en esta comunidad. Participa plenamente en la vida de la
comunidad y asume ciertas tareas según sus capacidades. También
está presente con su oración asidua y acompaña la pequeña
comunidad de la Trinidad
del Mar.
Efectivamente a una espiritualidad trinitaria y peregrina
(verdaderamente peregrina, pues regularmente los miembros de la
comunidad salen en peregrinación), se añade una espiritualidad
eremítica. Enfrente de la ciudad de Salvador, hay una isla que forma
la famosa bahía. En esta isla se encuentra una capillita abandonada
en la que vivió un eremita durante años. Es ahí donde vive una
pareja joven y un reducido número de gente de la calle. Joao va
bastante a menudo a esta comunidad de la Trinidad
del Mar.
Fui con él y me gustaron mucho los lugares y aquellos que viven
allí. En la antigua torre de la capillita, hay una celda minúscula,
justo lo bastante grande para poder acostarse en la noche: se tiene
la impresión de estar colgado entre el cielo y el mar.
Imposible
dar cuenta brevemente de toda la riqueza de esta comunidad. Sólo
añadiría que no lejos de la Iglesia de la Trinidad hay otra iglesia
abandonada, San
Francisco de Paula,
en la que se acoge a gente que todavía vive en la calle, pero
solamente durante el día y para programas muy precisos.
*
En
Bolivia nos reunimos varias veces con los hermanos de Cochabamba para
ver juntos como redefinir y actualizar su proyecto de fraternidad.
¿Quién sabe si “la
Hospitalidad”
no podría ayudarles en esta búsqueda? La hospitalidad como acogida
de lo que cada hermano es y desea vivir… la hospitalidad como
acogida de las personas que desean o necesitan compartir, por un
tiempo, la vida de los hermanos, estando atentos a tener los pies
bien puestos en la realidad del barrio.
La
Hospitalidad estuvo
presente de nuevo, como tema, durante nuestra reunión regional.
Todos los hermanos participaron, además de Chema de la región
América Centro-Norte, Elena de Caracas y Rigoberto de Colombia de
los Hermanos de Jesús. Desde el segundo día Víctor Codina, jesuita
amigo de los hermanos, nos ayudó a reflexionar sobre la Vida
religiosa en el mundo y la Iglesia de hoy.
Reflexión muy estimulante con pistas de reflexión al final para
vislumbrar nuevos rostros de vida religiosa: comunidades abiertas a
los laicos, a las personas con discapacidad, a los pobres, a la gente
de la calle (incluso para experiencias temporales), a comunidades
ecuménicas, interreligiosas, comunidades de acogida y que inician a
una verdadera experiencia mística, una mística ligada al pueblo y a
los pobres, etc. En el fondo invitación a dejarnos habitar por la
hospitalidad divina e invitación a vivir de ella. Pistas
interesantes a tener en cuenta para el Capítulo.
Después
hubo una rica revisión de vida que fue introducida por Marco. Nos
habló de la aceptación
profunda
de lo que somos y de lo que es el otro. Aquí también se podría
decir que en el fondo es vital tanto para nuestra vida personal como
para nuestra vida comunitaria acogerse profundamente, como se acoge a
un huésped divino, y acoger a los demás aceptándose y
aceptándolos como son… como Dios que no siempre nos aprueba pero
nos acepta sin condiciones.
Durante
la reunión, Héctor, nuestro joven hermano mexicano, pronunció sus
primeros votos en una bella celebración en la que participaron
muchos vecinos y amigos de los hermanos de Cochabamba. Héctor
seguirá con su trabajo hasta finales de septiembre, después
regresará a México para encontrar a su región y participar en la
reunión regional. En noviembre vendrá a Europa para conocer las
fraternidades e ir a Arusha en Tanzania, para la reunión de hermanos
jóvenes.
En
Cochabamba y en el fondo en todas las fraternidades que visito, tengo
la impresión de que todo lo que vivimos lo debemos a la
hospitalidad
que recibimos de la gente. Sin esta premiza, nada nos sería posible,
ni siquiera ayudarles.
¡Que eso pueda ayudarnos a ser siempre más humanos y a descubrir así la profundidad de la hospitalidad divina!