Diario de Alain (de Nairobi, Kenya)
Alain nos
relata el encuentro con un ángel en Kangemi (Kenya)
Para apoyarla, tenía la visita
diaria de Malaika que le llevaba un platito, lavaba a la enferma
antes de que Joy regrese de la escuela, acogía sus confidencias. La
hija mayor sospechaba y se preguntaba lo que escondía este interés
por su madre de una vecina que no era ni pariente, ni originaria del
mismo pueblo. El virus de la sospecha infectó a Rosa que empezó a
quejarse, o porque el dinero había “desaparecido” o porque
Malaika la abandonaba y no la visitaba desde hacía dos días…
Malaika no perdió su sonrisa por
tan poca cosa, hizo puntualmente sus apariciones durante meses hasta
que Rosa tomó el camino de las estrellas.
Ella fue un ángel de la guarda para
Joy, reconciliando a las dos hermanas. Sin embargo, ella también
tenía sus preocupaciones familiares: el pequeño regresado de la
escuela cuando no se pagaba la escolaridad a tiempo, la hija mayor
“embarazada” antes de tiempo y un hijo asesinado en
circunstancias nunca bien aclaradas. Pero Malaika conservaba su
sonrisa detrás de su puesto y me dejaba sin voz cada vez que repetía
ante cada nueva prueba “Dios mostrará el camino”.
A los ángeles les gusta pasearse
con los niños y los perros (Tobías 6,2) y normalmente encuentro a
Malaika en la calle. El año pasado me habló mucho de Wanjiku, una
persona con una discapacidad mental que andaba en el mercado de
Kangemi desde hace varios meses. Como estaba embarazada la gente le
daba de comer y seguramente pesaba 15 kg. más que yo. Las mujeres
observaron que ella siempre iba muy limpia pero no llevaba ropa
interior. “¿Para qué ponerla, respondió ella un día, si por la
noche “ellos” vendrán a romperla?” Comprendieron que era
violada regularmente en la calle donde pasaba la noche y que su
resistencia habría provocado la rotura de su brazo y de su pierna.
Pusieron un anuncio en la radio para intentar contactar a su familia.
Fue inútil.
Pasaban
las semanas, había empezado la temporada de lluvias y el embarazo
llegaba a su término. Como me explicó Malaika: “Yo
di a luz a uno de mis hijos bajo la lluvia, yo sé lo que es eso;
entonces hicimos subir a Wanjiku en un carro y la llevé al hospital
de Mujeres, creyendo que era un hospital público. Pero es una
clínica privada. Ante la urgencia y mi insistencia finalmente la
admitieron. Ya era hora: dio a luz a dos maravillas, gemelas. En la
calle habría muerto, tuvieron que hacerle la cesárea. Es necesario
que vayas a verla”.
Consulté mi agenda y dos días más tarde estábamos en la
habitación del hospital. (Ustedes comprenderán que yo no soy un
ángel, tengo obligaciones y horarios).
Wanjiku
estaba sonriente pero su discurso en Kikuyu era incoherente.
Amamantaba a una gemela, Malaika mecía a la otra y me explicaba:
“Los
médicos, enfermeras y matronas me preguntaron todos juntos para
saber quién era Wanjiku. Les dije que lo ignoraba. Les costaba creer
que yo no era de su familia. Les dije que mi Dios me había pedido
cuidarla.” –
Me preguntaron: “¿Por
qué tú tienes un Dios distinto del nuestro?”. “Yo les dije –
¡oh sabiduría de los corazones sencillos! – yo
no sé cuál es su Dios, pero el mío no podía dejarla en la calle
así”.
El personal que la cuidaba quería preparar el futuro y le pidieron
que buscara a su familia. Ella prometió dar una respuesta al cabo de
una semana sin saber bien como obtenerla.
Mientras
tanto ella recogía ropa para los bebés. A la siguiente visita, bajo
el efecto de los medicamentos del siquiatra y la alegría de ver toda
esa ropita tan bonita para sus pequeñas, Wanjiku empezó a hablar
por primera vez de manera sensata desde hacía meses o años. Explicó
donde vivían sus suegros y sus tres hijos, que había sido corrida
por su marido y que desde hacía cuatro años erraba primero en un
campo de refugiados y después en la calle. Malaika visitó a la
familia y los niños y dio a los médicos, como les prometió, la
dirección y el número de teléfono de su familia, añadiendo:
“Ahora
ya terminé mi trabajo” – “Espera,
espera, porque si la familia no se encarga de ella, será necesario
que alguien la reciba al salir del hospital” respondieron las
autoridades, no sin razón pues la familia nunca apareció.
En
mi segunda visita a Wanjiku, oh sorpresa, hablaba incluso en inglés.
A los médicos les pareció más sabio buscar un hogar para niños
donde ella pudiera visitar a sus hijas y le habían pedido a Malaika
buscarle una habitación en Kangemi; estaban dispuestos a pagar tres
meses de alquiler. A Malaika no le hizo falta mucho tiempo para
buscar entre sus amigos y encontrar una habitación, cama y
utensilios de cocina. Y cuando Wanjiku regresara, hubiera podido
alimentarse fácilmente con sus amigas del mercado pero Malaika la
animó a empezar un pequeño negocio. El virus de la duda infectó
por un momento el espíritu de Wanjiku: “Si
Malaika hace tanto por mí, es porque debe recibir dinero para eso”
Malaika supo ser firme dejándola desenvolverse sola. Después se
recuperó la confianza y asegura que Wanjiku va con el siquiatra para
tomar sus medicamentos, visita al médico para su bocio, atiende su
negocio de papel higiénico y visita a las gemelas, e incluso
consiguió llevarla a visitar a sus otros hijos.
Me pongo al corriente de los últimos
acontecimientos cuando nos encontramos en la calle y confieso que yo,
pobre humano, no podría hacer ni la mitad de todo lo que hace
Malaika. ¿Dónde encuentra toda esta energía? “Su” Dios debe
estar ahí para algo. No conozco bien las jerarquías tanto angélicas
como militares, pero Malaika no es un angelito de la guarda limitado
a una persona, por lo menos debe ser un arcángel dada la extensión
de sus misiones. Pues mientras acompañaba a Wanjiku, también tuvo
que ocuparse de una mujer que encontró dando a luz en los WC
públicos, le ofreció su paño para cubrir al recién nacido,
acompañó a esta desconocida a la Maternidad donde le dijeron que no
tenían desinfectante… ¡y ella tuvo que ir a comprarlo! Y después
está este joven empleado que empezó a tomar, se encontró en la
calle… y ella lo realojó, lo amuebló, lo vistió con la ayuda de
sus numerosos amigos.
Que los ángeles les protejan a lo largo de 2014… ¡pues los ángeles existen!